Comienzo una serie de "cuentos de blog", dedicados a todos vosotros. No quiero que el blog de los "Cuentos para Pablo y Paula" se muera de hambre, y "colgar" cuentos es una buena manera de alimentarlo.
Comenzaremos con "El gato gris con rayas grises y la lluvia", a ver si llueve de una vez, que nos hace mucha falta.
Espero que os guste.
Carlos
EL
GATO GRIS CON RAYAS GRISES
Y
LA LLUVIA
Bajaba
Beatriz por la acera de la izquierda. Por la acera de la derecha subía un gato.
—¡Qué minino
tan bonito! —exclamó Beatriz.
—Tú tampoco
estás mal —dijo el minino, que era un gato gris con rayas grises.
—¿Hablas?
—preguntó asombrada Beatriz.
—¡Y canto!
¿Qué te crees? —respondió el gato.
Y el gato
gris con rayas grises se puso a cantar Que llueva, que llueva, la Virgen de
la Cueva. Y comenzó a llover.
Hacía seis o
siete meses que no llovía. La tierra estaba reseca como una galleta María. El
arroyo no tenía agua y estaba mudo. El tejado del campanario tenía un dedo de
polvo.
La lluvia
caía del cielo como caída del cielo. ¿De dónde iba a caer? La tierra se esponjó
como un bizcocho en almíbar. El arroyo se llenó y hablaba la lengua del agua.
El tejado del campanario se limpió y volvió a lucir rojo como una cereza.
—¿No te
guardas de la lluvia, gato gris con rayas grises? —preguntó Beatriz con el pelo
mojado de la raíz a las puntas.
—Hablo,
canto y no me molesta la lluvia. ¿Te extraña? Tú también te mojas.
La lluvia
mojaba el pelo de Beatriz y su cara pecosa. Pero las pecas estaban quietas, no
se movían ni medio milímetro. La camiseta y los pantalones mojados se pegaban
al cuerpo de Beatriz como una segunda piel. Tenía los calcetines calados y
empapadas las deportivas. ¡Hacía tanto que no llovía!
Un árbol de
la acera derecha soltó una hoja. El gato gris con rayas grises se subió por el
tronco y pegó una oreja a una rama. El gato gris con rayas grises sintió que el
árbol pensaba: «¡Estoy harto de este verano tan largo! ¿Cuándo va a llegar el otoño?
¡Quiero cambiar las hojas viejas de una vez! ¡Quiero hojas nuevas!».
—Niña —dijo
el gato gris con rayas grises—, ¿ves lo que ha hecho el árbol? Este es un árbol
muy listo que piensa.
—¿Y qué
piensa? —preguntó incrédula Beatriz.
—Piensa:
¡Quiero cambiar las hojas viejas de una vez! —respondió el gato.
En ese
momento, el árbol se quitó un peso de encima y soltó de golpe un montón de
hojas viejas.
Llovía,
llovía, llovía.
Los árboles
vecinos siguieron el ejemplo del primer árbol que soltó una hoja. El suelo de
la calle se llenó de hojas que parecían pequeños tambores cuando las gotas de
lluvia golpeaban sobre ellas.
Y llovía,
llovía, llovía.
Salieron
muchos gatos a los tejados de las casas a mojarse y a maullar. Los niños
salieron a la calle y pisaban los charcos con las deportivas. Corrían sin mirar
al suelo, con la cara levantada y la boca abierta. Beatriz se puso a jugar con
ellos.
Los árboles
soltaban más y más hojas. Y las nubes soltaban más y más lluvia.
El gato gris
con rayas grises se sacudió, de un salto pasó del árbol al tejado de una casa.
Y, de tejado en tejado, llegó al tejado rojo del campanario. Se sentó en la
punta y desde arriba miraba todo con sus ojos de gato gris con rayas grises.
FIN
Carlos
23 de
noviembre de 2017