domingo, 26 de noviembre de 2017

EL GATO GRIS CON RAYAS GRISES Y LA LLUVIA

Queridos lectores:
Comienzo una serie de "cuentos de blog", dedicados a todos vosotros. No quiero que el blog de los "Cuentos para Pablo y Paula" se muera de hambre, y "colgar" cuentos es una buena manera de alimentarlo.
Comenzaremos con "El gato gris con rayas grises y la lluvia", a ver si llueve de una vez, que nos hace mucha falta.
Espero que os guste.
Carlos
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EL GATO GRIS CON RAYAS GRISES
Y LA LLUVIA

Bajaba Beatriz por la acera de la izquierda. Por la acera de la derecha subía un gato.
—¡Qué minino tan bonito! —exclamó Beatriz.
—Tú tampoco estás mal —dijo el minino, que era un gato gris con rayas grises.
—¿Hablas? —preguntó asombrada Beatriz.
—¡Y canto! ¿Qué te crees? —respondió el gato.
Y el gato gris con rayas grises se puso a cantar Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva. Y comenzó a llover.
Hacía seis o siete meses que no llovía. La tierra estaba reseca como una galleta María. El arroyo no tenía agua y estaba mudo. El tejado del campanario tenía un dedo de polvo.
La lluvia caía del cielo como caída del cielo. ¿De dónde iba a caer? La tierra se esponjó como un bizcocho en almíbar. El arroyo se llenó y hablaba la lengua del agua. El tejado del campanario se limpió y volvió a lucir rojo como una cereza.
—¿No te guardas de la lluvia, gato gris con rayas grises? —preguntó Beatriz con el pelo mojado de la raíz a las puntas.
—Hablo, canto y no me molesta la lluvia. ¿Te extraña? Tú también te mojas.
La lluvia mojaba el pelo de Beatriz y su cara pecosa. Pero las pecas estaban quietas, no se movían ni medio milímetro. La camiseta y los pantalones mojados se pegaban al cuerpo de Beatriz como una segunda piel. Tenía los calcetines calados y empapadas las deportivas. ¡Hacía tanto que no llovía!
Un árbol de la acera derecha soltó una hoja. El gato gris con rayas grises se subió por el tronco y pegó una oreja a una rama. El gato gris con rayas grises sintió que el árbol pensaba: «¡Estoy harto de este verano tan largo! ¿Cuándo va a llegar el otoño? ¡Quiero cambiar las hojas viejas de una vez! ¡Quiero hojas nuevas!».
—Niña —dijo el gato gris con rayas grises—, ¿ves lo que ha hecho el árbol? Este es un árbol muy listo que piensa.
—¿Y qué piensa? —preguntó incrédula Beatriz.
—Piensa: ¡Quiero cambiar las hojas viejas de una vez! —respondió el gato.
En ese momento, el árbol se quitó un peso de encima y soltó de golpe un montón de hojas viejas.
Llovía, llovía, llovía.
Los árboles vecinos siguieron el ejemplo del primer árbol que soltó una hoja. El suelo de la calle se llenó de hojas que parecían pequeños tambores cuando las gotas de lluvia golpeaban sobre ellas.
Y llovía, llovía, llovía.
Salieron muchos gatos a los tejados de las casas a mojarse y a maullar. Los niños salieron a la calle y pisaban los charcos con las deportivas. Corrían sin mirar al suelo, con la cara levantada y la boca abierta. Beatriz se puso a jugar con ellos.
Los árboles soltaban más y más hojas. Y las nubes soltaban más y más lluvia.
El gato gris con rayas grises se sacudió, de un salto pasó del árbol al tejado de una casa. Y, de tejado en tejado, llegó al tejado rojo del campanario. Se sentó en la punta y desde arriba miraba todo con sus ojos de gato gris con rayas grises.

FIN

Carlos
23 de noviembre de 2017