Me verso en todo
el calor.
el traidor.
con mis lluvias y mis fríos,
Me verso en todo
Laura miraba embobada el cielo desde su balcón. Sobre el fondo azul, las nubes dibujaban formas caprichosas y, jugando con los blancos y los grises, creaban nuevos azules, sedosos e intensos. Imaginaba tantas cosas bonitas que el tiempo se le pasaba sin sentir.
Laura se acordó de su mamá. La quería tanto que la regalaría una flor del cielo. Su mamá no necesitaba regalos para sentir su amor, pero ella quería decírselo con una flor.
Las nubes se acercaron hasta el balcón y formaron una escalera azul plomo que bajaba hasta los pies de Laura. ¡No lo pienses, Laura, sube!
Los escalones eran muy blanditos, pero las deportivas de Laura no se hundían y enseguida se sintió segura. ¡Qué gusto notar bajo los pies la delicadeza de las nubes!
La escalera terminaba en un campo de flores que crecían sobre un suelo que parecía de algodón blanco azulino. Laura se quedó deslumbrada: había flores de todas las clases, de todos los tamaños y de todos los colores.
Buscó con la mirada la flor de su mamá. Le costó un poco, pero la encontró. Se acercó con cuidado de no lastimar ninguna flor y tiró de ella con suavidad. ¡Vámonos, flor!
Bajó a su balcón muy feliz. Las nubes se retiraron lentamente y subieron muy arriba para crear nuevas formas y colores. Laura las despidió con los ojos y la flor entre las manos.
Se metió en casa y fue a la habitación de su mamá, que no tardaría en volver del trabajo. Y sobre su mesilla dejó un clavel blanco.
Carlos
(04/05/2025)