domingo, 10 de diciembre de 2017

UN PENDIENTE EN EL ZAPATO

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UN PENDIENTE EN EL ZAPATO

Soy maestro. El otro día, durante el recreo, se me clavó un pendiente en el zapato. Entré al comedor a tomar un café y noté que tenía algo en la suela del zapato que hacía un ruido metálico. Una chincheta, pensé. Me senté y tiré del objeto a tientas, convencido por el tacto de que era una chincheta. Se resistía, pero, cuando conseguí desprenderlo del zapato, lo puse encima de la mesa y vi que era un pendiente de esos que se sujetan por detrás del lóbulo con una ruedecilla o una mariposa metálica. Se me había clavado en la suela del zapato la varilla o el palito, no sé con exactitud cómo se llama esa parte punzante del pendiente.
—¡Un pendiente! —exclamé.
—Estaría en la arena del patio y se te ha clavado en el zapato —dijo una maestra con gran sentido común.
—Seguramente será de una niña de mi clase —dijo otra maestra— que ayer me dijo que había perdido un pendiente.
—Quédatelo —dije yo, contento de realizar una buena acción con tan poco esfuerzo.
Y se lo quedó.
No sé qué habrá pasado con el pendiente, ignoro si ha llegado a su dueña. Preguntaré para salir de la duda.
Hay que reconocer que es extraordinario que un pendiente se clave en la suela de un zapato, tanto como pincharse con la aguja de un pajar, pinchazo que atribuyen los chistes a personas gafes. Si la niña ha recuperado su pendiente, yo no sería un gafe, sino un amuleto de la buena suerte.
Pero pensemos menos en mí y más en la niña del pendiente, que es la importante. La conversación de la niña con la maestra, que supuestamente podría llamarse Susana, sería así:
—Susana, he perdido el pendiente —dice la niña después del recreo.
—¿Dónde, niña? —pregunta Susana. Si lo supiera la niña, digo yo, no estaría perdido el pendiente.
—A lo mejor en el patio. He salido con él y ahora no lo tengo.
—Sal al patio con esta amiguita y búscalo.
La niña del pendiente y la amiguita tardan demasiado en regresar a la clase. Susana pide al compañero de la clase de al lado que eche un ojo a sus alumnos y sale en busca de las niñas. Y se encuentra a la niña llorando a moco tendido porque no encuentra el pendiente. La amiguita la consuela, pero ni por esas. Cargada de paciencia, Susana dice a la niña:
—No te preocupes, bonita, se lo diré a tu mamá y te comprará otro par de pendientes.
El pendiente, que también tiene corazón, aunque sea pequeño, se queda más solo que la una, perdido en la inmensidad del arenero del patio.
—¡Qué sólo estoy! —piensa el pendiente—. Si al menos alguien me pisara y yo me quedara clavado en la suela de su zapato, tal vez volvería a la oreja de una niña.
Y, mira por dónde, sus deseos se cumplen porque yo he salido al patio del recreo y he pisado en el sitio adecuado. ¡A veces también los pendientes tienen momentos de buena suerte!
Vamos a darle un poco de gracia a esto, ¿no os parece?
La niña del pendiente perdido mañana, o pasado mañana, o dentro de cuatro días, caminando por la calle, de vuelta del colegio, se encontrará un sobre azul junto a una farola.
—¡Un sobre azul junto a una farola! Voy a ver qué hay dentro —dirá la niña con mucha emoción.
Y dentro del sobre azul habrá otros tres sobres con un número muy grande en la solapa: uno, sobre rojo; dos, sobre amarillo; tres, sobre verde.
—¿Como un semáforo?
—Sí, exactamente.
Abrirá el sobre rojo, porque la niña decidirá abrirlos en orden numérico. Y se encontrará dos billetes de cincuenta euros. Si no me fallan las cuentas, ¡cien euros! Junto a los cien euros habrá una nota: «Los cien euros, niña del pendiente perdido, son para ti».
—¡Qué suerte tengo! —exclamará la niña para sus adentros.
Y suerte tiene, porque no tendrá que llevar los cien euros a la policía pensando que alguien podrá reclamarlos. La niña es una buena ciudadana e iría a la policía sin dudarlo, pero la nota la libera de esa obligación. Los cien euros son para ella y sólo para ella.
Abrirá el sobre amarillo. Dentro habrá cuatro entradas para ver el musical El Rey León, que es un espectáculo exageradamente caro, al alcance de pocos bolsillos. También encontrará otra nota: «Estas entradas son para ti, niña del pendiente perdido». ¡Hala, podrá ir a ver el musical con sus padres y su hermano pequeño estas Navidades!
—¿Estas Navidades?
—Sí. El pendiente se me pinchó en el zapato el 4 o el 5 de diciembre. Queda poco para las Navidades. Así que calculo que la niña irá a ver El Rey León el 26 o el 27 de diciembre. Esos días el tráfico está fatal y la familia usará el transporte público. Viven en Getafe y montarán en el tren de cercanías hasta la estación de la Puerta del Sol. Y, cuando salgan del musical, se tomarán un chocolate con churros en una cafetería del centro de Madrid.
Sigo. Finalmente, la niña abrirá el sobre verde. Dentro encontrará sólo una nota: «La avaricia rompe el saco, niña del pendiente perdido». Y se sentirá muy feliz por el consejo, y comprenderá que ha tenido muchísima suerte con los tres sobres:
—¡Qué suerte: cien euros, las entradas para el Rey León y un buen consejo! ¿Qué más puedo pedir?
Y se irá tan contenta a su casa.
Pero, si el pendiente hubiera sido mío, me hubiera gustado encontrar en el sobre verde dos cosas: una, la misma nota, pero ampliada: «La avaricia rompe el saco, pero el saco es muy grande y le caben muchas cosas»; y dos, un billete de la Lotería de Navidad. Pensándolo bien, un billete no, tres billetes. ¿Por qué conformarse con uno? El número de esos billetes sería el premiado con el gordo de la lotería del 22 de diciembre. Y aquí se frena mi avaricia. Podría haber metido en el sobre cinco o diez billetes, pero me he conformado con tres, porque «la avaricia rompe el saco».
Y ahora me voy a montar en bicicleta.


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Leganés, 7 de diciembre de 2017

Carlos

domingo, 3 de diciembre de 2017

DÉCIMA A LA LUNA

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DÉCIMA A LA LUNA
Con el dedo hacia la luna
recito un verso a mi perro,
la noche cae sobre el cerro,
un cristal es la laguna.
Cuarto creciente, oportuna,
va para llena y radiante,
mi perro, mestizo, errante,
echa a andar muy abatido,
porque sabe, conmovido,
que pronto será menguante.
Eloísa Pardo Castro

Poesía de gran belleza sobre la luna. Ideal para que niños y mayores añadan lo poético al conocimiento de las fases de la luna. Publico esta décima, escrita por esta poetisa de Leganés hace pocos días, con su permiso.