Lágrima y el oso panda
La gata Lágrima es muy limpia. Con su lengua, que es un poquito áspera, se limpia ella misma toda su piel de tres colores. Es muy flexible y llega a todos los rincones.
¿Y la cara? ¿Cómo se limpia la cara?
Se chupa una mano y, con mucha energía, se la pasa por la cara. Y le queda tan brillante.
Cuando se pasa la mano por la cara y nadie la está mirando, yo creo que se teletransporta donde quiere. No me extrañaría, porque es muy hábil y muy curiosa.
A veces estoy leyendo en mi estudio. Ella llega y se queda en la puerta. Se tumba en el pasillo, se estira y comienza su limpieza. Yo creo que la cara la deja para el final.
La veo que empieza a limpiarse la cara, pero, si me distraigo un momento, sólo un momento, no dos momentos, vuelvo la cabeza y ya no está.
—¡Ya te has ido de paseo, amiga! —le digo. Pero no me contesta. Salgo al pasillo muy deprisa y tampoco está allí. Es imposible que se vaya tan rápido. Estoy convencido de que se teletransporta.
El otro día se fue a China. Como viaja tanto y es tan sociable, tiene amigos de todas las especies por todo el mundo.
Allí se encontró con su amigo Zhang, un oso panda muy educado y muy alegre. ¿Cómo quedó con él? A lo mejor mediante telepatía, porque los animales saben comunicarse a grandes distancias sin necesidad de un teléfono móvil.
Estuvieron en el bosque de bambú donde vive Zhang. Árbol arriba, árbol abajo, dieron un largo paseo. A Lágrima le encanta subirse en los lugares más altos de nuestra casa, así que me la imagino trepando por esos troncos de bambú tan rectos, balanceándose arriba, saltando de tronco en tronco, bajando a toda velocidad.
El oso Zhang de vez en cuando se comía un brote tierno de bambú viéndola hacer esas acrobacias. Lágrima no come bambú, ¡es una gata! Si su amigo la invitó a algo, sería algún trocito de pescado crudo o un cuenco de leche. Pero eso no lo sé.
Zhang y Lágrima estaban muy cansados y se durmieron un ratito juntos: Lágrima encima de Zhang, con la cabeza encajada en su cuello.
Luego se fueron a caminar por la Gran Muralla China, por un trozo que sólo conocen los osos panda y por donde no hay turistas. El sol de la tarde iluminaba de rojo las piedras de la muralla y Lágrima y Zhang tenían que entornar los ojos o mirar para el otro lado. Una brisa muy agradable les daba en la cara. Cuando se paraban y abrían la boca, les entraban a la vez la luz del sol y el aire de la brisa. ¡Qué risa les daba!
Un astronauta de la estación espacial internacional, que observaba la tierra con un telescopio, los vio caminando tan tranquilos por la muralla. ¡Un oso panda y una gata, increíble! Como la estación espacial va tan deprisa, sólo pudo verlos unos instantes. Se lo contó a los otros astronautas, pero no le creyeron. Lástima que no hiciera fotos.
No sé cuánto tiempo estuvo en China. Me levanté de mi mesa de estudio para beber un vaso de agua y allí estaba Lágrima en mitad del pasillo.
—¿Dónde has estado, amiga? ¡Estás hecha una turista!
No me respondió. Se estiró, pasó a mi lado acariciándome con su cola de tres colores y se fue al salón a beber también ella de su fuente. Luego se tumbó en el sofá y se echó un sueñecito. ¡Qué feliz es y qué bien vive!
FIN
Leganés, 26 de agosto de 2023
