Lágrima y el oso polar
A Lágrima le pasa como a mí: este año está un poco cansada de tanta Navidad. Le gusta mucho, pero es que llevamos con luces, villancicos y turrón desde hace más de un mes. Me lo ha dicho a su modo, en idioma gatuno. ¡Cómo nos comprendemos!
Hace dos días se frotó la cara con su mano y se teletransportó al Polo Norte, donde vive su amigo Iwid, un oso polar que conoce desde no sé cuándo, porque Lágrima tiene muchos secretos que no me cuenta.
Iwid vive sobre un trozo flotante de hielo, que en invierno se hace más grande: como hace más frío, se hiela más agua a su alrededor y se junta con otros trozos. Los osos polares no pasan por su mejor momento porque la Tierra está más caliente. Iwid, Lágrima y yo pensamos que la culpa la tienen los humanos.
En el Polo Norte ahora es de noche “todo el día” y las estrellas del cielo se ven en cualquier momento.
Iwid levantó su nariz y dijo:
—Lágrima, estás por ahí, te huelo.
—¡Hola, Iwid! ¡Soy yo!
Y se dieron un abrazo. En la piel blanca de Iwid, bajo la luz de las estrellas, resaltaba el marrón y el negro de Lágrima, y un poquito su blanco, porque no hay dos blancos iguales, pero no sé deciros cuál blanco es más claro, si el de Lágrima o el de Iwid.
Flotando en el hielo de Iwid, llegaron hasta el punto exacto del Polo Norte. Y allí se pusieron a mirar las estrellas, que se ven a las mil maravillas sobre aquel cielo tan limpio.
Las estrellas tienen nombres muy bonitos que les han puesto los astrónomos: Polaris (la famosa Estrella Polar), Aldebarán, Capella, Antares, Arturo y tantas otras.
El cielo polar es un tapiz oscuro, inmenso, donde bailan estrellas alegres que saben que un oso blanco y una gata tricolor las están observando emocionados.
Iwid y Lágrima juegan a poner nombres a las estrellas más inquietas y luego se inventan una constelación. Empieza Iwid, que llama a la primera estrella Reloj de mariposas de turrón. Sigue Lágrima, que llama a la segunda Lapicero con botón de nuez. Turno de Iwid: Paloma de alas de plata. Turno de Lágrima: Pequeña flor de miel. ¿Cuántas llevamos? Cuatro. ¡Nos hacen falta dos más! Iwid: Nube de noches blancas. Lágrima: Teresona sobre almohada blandita. Es que Lágrima está muy enamorada de mi hija Teresa, y no puede evitarlo.
Con esa vista privilegiada que tienen los osos polares y las gatas tricolores, trazan una línea que une las seis estrellas, como hacían los antiguos griegos. Conectan sus mentes y deciden a la vez el nombre de su constelación: Arco con flecha del amor. Ahora mismo yo me la estoy imaginando y la he dibujado en un papel. Sinceramente, me gusta mucho.
Iwid y Lágrima impulsaron el trozo de hielo y volvieron al punto de partida.
Antes de despedirse, Iwid invitó a Lágrima a unos trocitos de foca —la foca forma parte de la dieta de los osos polares, así son las cosas— y unos tragos de agua de hielo fundido. A Lágrima todo le sabía a gloria y se relamía con mucho gusto.
—Adiós, Iwid. ¡Qué bien lo paso contigo!
—Adiós, Lágrima. Vuelve pronto.
En estos momentos Lágrima duerme profundamente sobre su manta de lana tibetana. De vez en cuando, se relame sin abrir los ojos, suspira y continúa durmiendo en la misma posición. Yo la miro desde la puerta y le deseo unos felices sueños.
FIN
Leganés, 28 de diciembre de 2023
