50 cortos cuentos
de normales cosas
¡QUÉ DÍA TAN CORTO!
A Francisco el día se le hacía muy corto.
Se levantaba y enseguida estaba desayunando. Miraba su reloj digital: ¡Ya he perdido casi media hora!
Corría al colegio.
Enseguida estaba en clase, preparado para estudiar.
Enseguida llegaba la hora del recreo.
Enseguida llegaba la hora de la comida. Francisco estudiaba en un colegio público con jornada partida y comía en el comedor escolar.
Enseguida salía del colegio. Iba a su casa y merendaba muy deprisa. Miraba su reloj digital: ¡Ya he perdido más de medio día!
Era yudoca. Iba al yudo después de hacer los deberes. Le mandaban deberes todos los días, no sabemos muy bien para qué.
Acababa la sesión de yudo y se duchaba.
Salía del gimnasio, volvía a casa y cenaba. Miraba su reloj digital: ¡Ya he perdido casi todo el día, qué poco me queda!
Sus padres le dejaban ver la tele un ratito con ellos en el sofá. Se sentaba entre los dos y les daba la mano. Nadie miraba el móvil en ese rato, ¡gran detalle! Francisco, de momento, no tenía móvil, ni táblet, ni jugaba a videojuegos.
—Son las diez, Francisco, a la cama.
Francisco miraba su reloj digital: ¡Es verdad, las 22:00 h! ¿Y qué hago ahora? ¡Qué día tan corto!
Se metía en la cama e intentaba aguantar con los ojos abiertos lo más posible. En la mesilla tenía un cómic, lo abría, leía un par de viñetas. ¡Tengo que resistir, tengo que alargar el día! Pero a los tres minutos, nunca llegaba a cuatro, los párpados le pesaban como piedras y se quedaba profundamente dormido, ni siquiera era capaz de mirar su reloj digital.
Sus padres entraban, le daban un beso y apagaban la luz. La cara de Francisco era plácida, como la de alguien que ha aprovechado el día.
Francisco a veces soñaba que los días eran muy largos, que su reloj digital iba muy despacio, que podía estar jugando con sus amigos en la calle todo el tiempo que quisiera y sólo pasaban cinco minutos.
Una noche soñó que se aburría, y fue el sueño más feliz de su vida.
Carlos
(02/04/2025)