miércoles, 23 de marzo de 2022

Gafas de sol

 


GAFAS DE SOL

de Folio y medio

Al pie del árbol hay unas gafas de sol. Una de las lentes refleja el pico y los ojos de un gorrión que se mira desde otro árbol. El gorrión mueve el cuello y observa cómo cambia su imagen en la lente. Cabeza arriba, cabeza abajo. Cierra los ojos, los abre.

¿Quién ha olvidado las gafas? El gorrión lo sabe porque lo ha visto todo.

Después de comerse un gusano, ha volado hasta la rama del árbol y allí está desde entonces.

El gusano vivía en un cubo de basura. Salió del corazón de una manzana podrida a tomar el sol. En ese momento notó el picotazo y nada más, porque acabó en la tripa del gorrión.

Y, antes de comerse el gusano, el gorrión había bebido en la charca de los gansos. Un ganso salió del agua, se sacudió y empapó al gorrión, que se asustó y voló hasta una roca lisa, donde el sol lo secó.

Debajo de la roca había un hormiguero. La hormiga reina estaba merendando con sus amigas. Una de ellas le dijo que fuera había un gorrión hambriento, pero que allí dentro estaban seguras.

El gorrión no se comió a la reina, pero se comió un buen puñado de hormigas obreras, que no pudieron escapar de sus rápidos y medidos picotazos.

En la rama del árbol, el gorrión hace la digestión del gusano y las hormigas mientras se mira en los cristales de las gafas.

Antes se ha entretenido viendo al dueño de las gafas: ¿Chico? ¿Chica? ¿Solo? ¿Acompañado?

A mí me gustaría que una pareja se hubiera dado un beso con los ojos cerrados. O que una joven descalza hubiera estado leyendo un libro de poesía. O que un abuelo se hubiera sentado, apoyando la cabeza en el tronco, y que en un ligero sueño se hubiera visto muy feliz corriendo por una playa, respirando la brisa marina y sintiendo la sal en la piel. O a mí mismo mirando fijamente al gorrión, con la mente quieta, escuchando el rumor de las hojas y el canto del gorrión, que, aunque no parece canto, es canto.

Pero yo no soy el gorrión y no tengo ni idea de lo que él ha visto hace un rato.

En este momento, mientras se contempla en la lente de las gafas de sol, en un árbol vecino un gato le mira sin mover un solo músculo. El gorrión no lo sabe porque está muy atento a sus propios movimientos de cuello y de plumas en ese improvisado espejo oscuro.

Nosotros vemos al gorrión y al gato igual que él veía al dueño de las gafas de sol.

El gato parece que no se mueve, pero se mueve. Está bajando del árbol. Camina por la hierba como flotando. Imaginamos que está subiendo por la parte de detrás del tronco del árbol del gorrión.

El gorrión da un saltito en la rama y abre las alas. Por detrás de él, una rama más arriba, aparecen las orejas y los ojos del gato, que toma posiciones con los músculos tensos. Nadie puede avisar al gorrión. Nadie pudo avisar al gusano ni a las hormigas.

El gorrión se ha aburrido de mirarse en las gafas. ¿Qué hace? Inocentemente alza el vuelo.

El gato se destensa, baja a la rama del gorrión y se sienta elegante como un faraón. Descubre las gafas de sol y se contempla en ellas, entornando suavemente los párpados, como si se besara a sí mismo.

 

Carlos

domingo, 20 de febrero de 2022

Romance de Marronsa

ROMANCE DE MARRONSA


En los altos de mi casa,

de todo puede pasar,

porque un singular tipo,

te lo digo de verdad,

allí vive alegremente,

haciendo, sin rechistar,

lo que le mandan “algunas”

por el día y en mitad

de la tarde y de la noche,

sin tener de él piedad.

Lo lleva con simpatía,

es así de natural.

Marronsa le llaman los niños,

y Marronsa los demás.

Hace lo que nadie quiere.

¿Lo puedes imaginar?

Tira la basura a diario

¡y los pises del orinal!

Hace las compras más feas,

nunca las de Navidad.

Si hay que barrer el suelo,

a Marronsa allí verás,

con una escoba en la mano

y un recogedor detrás.

¿Hay que esperar al Amazon?

Marronsa le esperará.

¿Hay que tender la ropa?

Marronsa la tenderá.

¡Se nos cayó una pinza

en el patio vecinal!

¡Marronsa, baja a por ella!,

le gritan, ¡y baja ya!

Marronsa, con gran paciencia,

esa pinza pedirá

al vecino más feo y raro

de toda la vecindad.

¡Qué bueno eres, Marronsa!,

te lo digo de verdad.

Carlos

domingo, 6 de febrero de 2022

La ballena Basilia

LA BALLENA BASILIA



La ballena Basilia es una ballena azul muy guapa y muy simpática. Vive en los mares de todo el mundo, porque nada muy bien y los recorre de punta a punta, del Polo Norte al Polo Sur, y se los conoce a la perfección.

Pero la ballena Basilia, que se llama Basilia porque es una reina como todas las ballenas, estaba enferma.

Basilia come plancton muy rico de los mares y peces más pequeños que ella. Cuando viaja moviendo su aleta enorme, abre la boca y come casi sin darse cuenta. Es muy grande y tiene que comer mucho para estar fuerte y hacer esos viajes tan largos.

¿Por qué estaba enferma? Porque en los mares no sólo hay plancton y pececillos. Los mares están llenos de plásticos que los humanos echan al mar, o llegan por los ríos, o ¡por el aire! Y la pobre Basilia se los traga cuando abre la boca dentro del agua.

Basilia estaba muy malita. Tenía plásticos en la tripa y pegados a la piel. Y nadaba muy despacio. Y tenía ganas de vomitar, como si estuviera mareada.

Tuvo mucha suerte ―otras ballenas no la tienen y se mueren con dolores de tripa y muchas heridas en la piel―: se encontró con un barco que se dedicaba a rescatar a las ballenas. El barco se llamaba: El Eco Ciudad de Getafe. ¡Qué casualidad!

Fernanda, una joven científica, vio a Basilia con su catalejo.

―¡Salvemos a Basilia! ―dijo a sus compañeros.

Salieron con unos botes del barco, limpiaron a Basilia por fuera y le dieron medicinas para que expulsara todos los plásticos de la tripa. Y Basilia volvió a nadar feliz como siempre.

Lo que no sé decirte es cómo sabía Fernanda el nombre de Basilia.

 

Carlos

2 de febrero de 2022



jueves, 27 de enero de 2022

Las pipas de la paz

 LAS PIPAS DE LA PAZ


Muchas pipas de sandía,
para tener compañía.

 

Blandas pipas de melón,
para pedirnos perdón.

 

Ricas pipas de papaya,
para que nadie se vaya.

 

Y pipas de girasol,
para llevarnos "mejol".

 

Pipas, pipas y más pipas,
con cáscaras de bondad,
sabor dulce de alegría
y el corazón de la paz.

Carlos