domingo, 20 de febrero de 2022

Romance de Marronsa

ROMANCE DE MARRONSA


En los altos de mi casa,

de todo puede pasar,

porque un singular tipo,

te lo digo de verdad,

allí vive alegremente,

haciendo, sin rechistar,

lo que le mandan “algunas”

por el día y en mitad

de la tarde y de la noche,

sin tener de él piedad.

Lo lleva con simpatía,

es así de natural.

Marronsa le llaman los niños,

y Marronsa los demás.

Hace lo que nadie quiere.

¿Lo puedes imaginar?

Tira la basura a diario

¡y los pises del orinal!

Hace las compras más feas,

nunca las de Navidad.

Si hay que barrer el suelo,

a Marronsa allí verás,

con una escoba en la mano

y un recogedor detrás.

¿Hay que esperar al Amazon?

Marronsa le esperará.

¿Hay que tender la ropa?

Marronsa la tenderá.

¡Se nos cayó una pinza

en el patio vecinal!

¡Marronsa, baja a por ella!,

le gritan, ¡y baja ya!

Marronsa, con gran paciencia,

esa pinza pedirá

al vecino más feo y raro

de toda la vecindad.

¡Qué bueno eres, Marronsa!,

te lo digo de verdad.

Carlos

domingo, 6 de febrero de 2022

La ballena Basilia

LA BALLENA BASILIA



La ballena Basilia es una ballena azul muy guapa y muy simpática. Vive en los mares de todo el mundo, porque nada muy bien y los recorre de punta a punta, del Polo Norte al Polo Sur, y se los conoce a la perfección.

Pero la ballena Basilia, que se llama Basilia porque es una reina como todas las ballenas, estaba enferma.

Basilia come plancton muy rico de los mares y peces más pequeños que ella. Cuando viaja moviendo su aleta enorme, abre la boca y come casi sin darse cuenta. Es muy grande y tiene que comer mucho para estar fuerte y hacer esos viajes tan largos.

¿Por qué estaba enferma? Porque en los mares no sólo hay plancton y pececillos. Los mares están llenos de plásticos que los humanos echan al mar, o llegan por los ríos, o ¡por el aire! Y la pobre Basilia se los traga cuando abre la boca dentro del agua.

Basilia estaba muy malita. Tenía plásticos en la tripa y pegados a la piel. Y nadaba muy despacio. Y tenía ganas de vomitar, como si estuviera mareada.

Tuvo mucha suerte ―otras ballenas no la tienen y se mueren con dolores de tripa y muchas heridas en la piel―: se encontró con un barco que se dedicaba a rescatar a las ballenas. El barco se llamaba: El Eco Ciudad de Getafe. ¡Qué casualidad!

Fernanda, una joven científica, vio a Basilia con su catalejo.

―¡Salvemos a Basilia! ―dijo a sus compañeros.

Salieron con unos botes del barco, limpiaron a Basilia por fuera y le dieron medicinas para que expulsara todos los plásticos de la tripa. Y Basilia volvió a nadar feliz como siempre.

Lo que no sé decirte es cómo sabía Fernanda el nombre de Basilia.

 

Carlos

2 de febrero de 2022