En los altos de mi casa,
de todo puede pasar,
porque un singular tipo,
te lo digo de verdad,
allí vive alegremente,
haciendo, sin rechistar,
lo que le mandan “algunas”
por el día y en mitad
de la tarde y de la noche,
sin tener de él piedad.
Lo lleva con simpatía,
es así de natural.
Marronsa le llaman los niños,
y Marronsa los demás.
Hace lo que nadie quiere.
¿Lo puedes imaginar?
Tira la basura a diario
¡y los pises del orinal!
Hace las compras más feas,
nunca las de Navidad.
Si hay que barrer el suelo,
a Marronsa allí verás,
con una escoba en la mano
y un recogedor detrás.
¿Hay que esperar al Amazon?
Marronsa le esperará.
¿Hay que tender la ropa?
Marronsa la tenderá.
¡Se nos cayó una pinza
en el patio vecinal!
¡Marronsa, baja a por ella!,
le gritan, ¡y baja ya!
Marronsa, con gran paciencia,
esa pinza pedirá
al vecino más feo y raro
de toda la vecindad.
¡Qué bueno eres, Marronsa!,
te lo digo de verdad.
Carlos