domingo, 3 de noviembre de 2024

Otoño perezoso (poesía)

  ¡YA ESTAMOS EN OTOÑO!

3 de noviembre de 2024


OTOÑO PEREZOSO

Otoño lluvioso,
no seas perezoso,
no tardes en llegar,
o me enfadarás.

Marrón de castaña,
olor de limón,
gris perla de nube,
¡cayó un chaparrón!

La parra sin uvas,
el árbol sin hojas,
las setas soñando,
la ardilla está coja.

Otoño, otoñero,
préstame el sombrero.
Otoño, otoñal,
préstame el puñal.
Castaña y bellota,
la lluvia rebota,
rebota en la acera,
se apaga la hoguera.

Me subo al castaño,
escucho al gorrión;
suspiro un te quiero,
te soplo mi amor;
te mando un lucero,
un beso, dos soles
y tres caracoles.

Carlos Cuadrado Gómez

domingo, 6 de octubre de 2024

¡Cuidado, Saturnino!

 50 cortos cuentos
de normales cosas


¡CUIDADO, SATURNINO!

La puerta del patio estaba abierta. Debajo de la parra, en una cómoda hamaca, don Saturnino leía un libro de policías y ladrones. Dio un gran bostezo y, en ese momento, le cayó en la boca una uva agria del último racimo de la parra.

—¡Aj, me ahogo! ¡Me falta el aire! ¡Me voy a morir! —pensaba con angustia, hablar no podía.

Saltó de la hamaca, ¡adiós comodidad!, y empezó a dar vueltas por el patio a toda velocidad, dándose golpes con la mano abierta en el pecho, que, debajo de la camisa, se le puso muy colorado.

—¡Dichosa parra! ¡Dichoso racimo! ¡Dichosa uva! —pensaba, ya sabéis que no podía hablar, ni siquiera toser.

Tenía la cara morada como la breva de un higo, y el pecho rojo como un pimiento rojo. ¡Qué manotazos se daba!

Pasó por allí una paloma bizca que veía muy poco. Con su pelo pajizo alborotado, don Saturnino miraba al cielo y abría mucho la boca, buscando el aire que le faltaba. ¡Se ahogaba de todas todas! La paloma cegata y bizca, creyendo que la cabeza de don Saturnino era un nido abandonado con un huevo muy gordo en el centro, bajó en picado y le pegó un picotazo en la nariz, con la intención de romper el huevo-nariz y sorberlo con su pico.

Con el picotazo, la uva agria salió disparada de la boca de don Saturnino. Al vuelo, a pesar de no ver un pimiento, ni rojo ni verde, la paloma la cazó en una corta pero perfecta parábola, y continuó volando con la uva en el pico. No sabía lo que llevaba, pero estaba muy contenta con el botín y su propia habilidad para conseguirlo.

Don Saturnino dio una bocanada inmensa de aire y gritó:

—¡He salvado la vida! ¡Aleluya!

Después de cinco o seis bocanadas profundas, notó el dolor de la nariz, que le sangraba un poco. Pero ¿qué es un picotazo en la nariz en comparación con perder la vida asfixiado?

Se puso una tirita y continuó leyendo, con la mirada hacia abajo y la boca cerrada, porque en boca cerrada no entran moscas, ni uvas.

Carlos
(06/10/2024)

domingo, 11 de agosto de 2024

Lucas y los pingüinos

 50 cortos cuentos
de normales cosas


LUCAS Y LOS PINGÜINOS

Cuando Lucas se despertó, vio en su mesilla de noche un cuaderno y un lapicero con goma de borrar.

Se restregó los ojos. Había dormido muchas horas. El sol estaba alto, ya hacía calor. En la casa el ambiente era bochornoso, porque se había roto el aire acondicionado.

Hacía rato que sus padres habían desayunado y estaban a sus cosas. Fue a la cocina después de hacer pis y echarse agua en la cara. ¡Qué calor! Aunque era pequeño, creo que tenía apenas cinco años, se preparó un colacao frío y mojó una ensaimada del súper, que le supo muy rica. Estiró los brazos, dio un gran bostezo y acabó de despertarse.

Volvió a su habitación y bajó la persiana. El sol se colaba hasta la cabecera de la cama y daba bofetadas de calor sin piedad. Abrió el cuaderno, cogió el lápiz y pensó qué podría dibujar.

Lo primero que se le ocurrió fue un iglú, con muchos bloques de hielo, muy apretados. Sé, y tal vez Lucas, que en el polo norte, donde viven los esquimales en iglús, no hay pingüinos, pero a Lucas le apetecía dibujar un pingüino, y lo dibujó. Cerca del iglú y del pingüino dibujó un mar con agua muy fría. Se quedó mirando pensativo. El pingüino, a pequeños pasos, se dirigió al agua y se zambulló. Al cabo de unos minutos, salió del agua con otros dos pingüinos. Se sacudieron el agua y salpicaron a Lucas en la cara. ¡Qué fresquitas estaban las gotas de agua!

En la habitación de Lucas la temperatura bajó muchos grados de golpe. ¡Qué placer, qué gusto tan grande!

Lucas copió el dibujo varias veces. Con chinchetas fue colocando los dibujos por la casa: en el salón, en la habitación de sus padres —que seguían a lo suyo—, en la cocina, en el baño, en el pasillo. ¡Cómo se refrescó la casa! Cuando pasabas al lado de un dibujo, notabas finas gotas que te mojaban la cara.

Lucas recogió la cocina, y eso que apenas tenía cinco años, y se puso a jugar en el suelo del salón con un tren eléctrico. Tuvo que ponerse una sudadera porque se estaba quedando helado.

Cuando sus padres volvieron de sus cosas, en la casa no hacía ni pizca de calor. Y, después de comer, pudieron echarse la siesta sin sudar como pollos.

Carlos
(08/08/2024)

martes, 23 de abril de 2024

Día del libro 2024

 DÍA DEL LIBRO

23 de abril de 2024


Tan solo, tan solo estaba,
me inundaba la tristeza
más una inmensa pereza,
y nada me consolaba.
Leeré un rato, pensaba,
no puedo seguir así.
A la estantería fui
sin saber lo que escoger,
pero me puse a leer
y de la angustia salí.

Carlos Cuadrado Gómez 


Los libros son buenos 
compañeros de camino

miércoles, 20 de marzo de 2024

Día mundial de la poesía: Poesía de cada día

 DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

21 de marzo de 2024


POESÍA DE CADA DÍA

Mi poesía
es de cada día.

Me miro en el espejo
cuando me levanto,
y esto es lo que veo:
saliendo del sueño,
mi rostro despierto.
¿Qué estaré pensando?

Desayuno en la cocina
con un verso en la mano,
mojo una magdalena
y lo paladeo despacio:
en la cocina no hay prisa,
la prisa es una cadena
o una dura condena.

Lenta poesía,
la de cada día.

Camino por la calle
o ruedo en bicicleta,
envuelto en la poesía
del tráfico y la gente,
triste o sonriente.
Algunos conversan,
móvil en mano:
muchos se lamentan,
¿les pasará algo?

Dura poesía,
la de cada día.

Pero en sus palabras,
sin que ellos lo sepan,
la poesía se filtra:
siempre está dispuesta.

Cada palabra, un sueño;
cada sueño, una emoción;
cada emoción, un verso;
cada verso, una ilusión.

Mi poesía,
como es de cada día,
puede ser de despedida.
El adiós también es flor,
la guinda de lo bonito,
el punto de una canción
y una grata sensación,
si no es la definitiva
y sabe a melocotón.

Carlos Cuadrado Gómez