LÁGRIMA, EL CAMALEÓN Y LOS MOSQUITOS
Por el camino secreto del trigal, va a la charca de los juncos. Comienza a llover una
lluvia de abril muy agradable. A la gata Lágrima le gusta que las gotas le den en la punta de su nariz rosada.
Se para un momento
junto a una amapola roja, alarga el cuello, entorna sus ojos verdes y siente la
lluvia sobre su cara de tres colores. ¡Qué gusto!
Antes de llegar a la
charca, escampa.
En la charca, una cigüeña
saca el pico del agua, extiende las alas y alza el vuelo. Más allá, una rana
salta desde una roca lisa y se zambulle en el agua.
La gata Lágrima se
sacude el agua graciosamente.
Entre los juncos, una
nube de mosquitos forma un círculo negro cerca del agua. Camuflado con su
disfraz verde, está el camaleón. Saca su larga y pegajosa lengua de cazador y
la gira como las aspas de un molino, atrapando a muchos mosquitos, que acaban
en su barriga.
—¿Qué haces, verde camaleón?
—pregunta la gata Lágrima.
El camaleón no responde.
Guarda su larga lengua y lentamente se mete entre los juncos con la barriga
llena. Antes de desaparecer, muy guasón, mira a Lágrima con su ojo derecho.
Llueve de nuevo.
FIN
Leganés,
18 de abril de 2020
No creo que hoy haya nadie tan feliz como el señor camaleón. Las cosas le han salido bien y casi se permite guiñarle un ojo a Lágrima. Ni en sus mejores sueños.
ResponderEliminarLo vas leyendo y te vistes de paz. Hueles a lluvia. Un abrazo lento, amigo.
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