Nueve, noveno, nono
DE "FOLIO Y MEDIO"
Una peluda pelota de tenis
y ocho mapaches peludos mascando chicle.
Dos vasos de zumo de piña
y siete empanadas de anchoa merengada.
Tres bebés, tres gorriones, tres gualdrapas,
en una caja de terciopelo variopinto.
Tres melocotones azules
y seis ballenas amarillas.
Ocho bicicletas de plastilina
y una magdalena de piedra.
Cuatro bajeles que cortan
y cinco olas de seda y tafetán.
Cuatro melones y medio de escarcha
y cuatro sandías y media de corcho.
La foca, el foco, la flaca, el flaco y el fuco;
la faba, el fabo, el fecho y la fecha.
De una caja de diez manzanas,
sacaron una.
¿Para mí?
Para ti.
y ocho mapaches peludos mascando chicle.
Dos vasos de zumo de piña
y siete empanadas de anchoa merengada.
Tres bebés, tres gorriones, tres gualdrapas,
en una caja de terciopelo variopinto.
Tres melocotones azules
y seis ballenas amarillas.
Ocho bicicletas de plastilina
y una magdalena de piedra.
Cuatro bajeles que cortan
y cinco olas de seda y tafetán.
Cuatro melones y medio de escarcha
y cuatro sandías y media de corcho.
La foca, el foco, la flaca, el flaco y el fuco;
la faba, el fabo, el fecho y la fecha.
De una caja de diez manzanas,
sacaron una.
¿Para mí?
Para ti.
En el número nueve de la calle Nueva, en el noveno
piso, vive una poetisa intrépida. No le asustan las letras, ni las palabras, ni
las comas, ni las comillas. Escribe en el ordenador sólo con nueve dedos porque
el décimo se lo comió un cocodrilo.
¿Un cocodrilo?
La poetisa viajaba por el río Nilo en un barco de
papiro. Miraba una pirámide que se aupaba en el horizonte y se refrescaba la
mano jugando con el agua. Entonces, en un visto y no visto, un cocodrilo travieso y taimado le comió el dedo
meñique, y se quedó con nueve dedos nada más.
Cocodrilo de almidón:
¿Te supo rico mi dedo?
Te lo comiste, bribón,
como si fuera de queso.
Ahora mi inspiración
con nueve dedos se apaña,
y dulcemente acompaña
mis poemas de limón.
¿Te supo rico mi dedo?
Te lo comiste, bribón,
como si fuera de queso.
Ahora mi inspiración
con nueve dedos se apaña,
y dulcemente acompaña
mis poemas de limón.
Cuando la poetisa volvió del viaje al número nueve
de la calle Nueva, era la poetisa Nueve Dedos, y comenzó a escribir poemas y
cuentos de limones, no sabemos por qué.
Si ves un enorme limón,
no te confundas
si te parece un melón.
El melón es suave y dulce
y el limón ataca y ruge.
Y si tienes ocasión
de compararlos,
no termines irritado:
prueba primero el limón
y acaba con el melón.
En la senda del pantano, un caballo se encontró una caja de limones. Alguien la dejó olvidada a la vera del camino. ¿Es de alguien esta caja? Como nadie respondía, el caballo se comió uno y, aunque agrio, le gustó: era un sabor nuevo, diferente al de la paja y el pan duro. Luego se comió otro y otro. Dos lagrimones se le escaparon de los ojos. Caray, esto está fuertecito. Pero siguió comiendo. Cuando sólo quedaban tres limones en la caja, el caballo paró. ¿Qué hago? El estómago me quema y por la nariz me sale un vapor ácido que me estremece. Están riquísimos, pero estos limones van a acabar conmigo.
No tuvo que decidir, menos mal, porque en ese momento llegó la dueña de los limones. ¡Aparta, caballo, de mis limones! El caballo salió corriendo por un prado, pegando arreones con la cabeza cada vez que un vapor limonero le salía por la nariz.
no te confundas
si te parece un melón.
El melón es suave y dulce
y el limón ataca y ruge.
Y si tienes ocasión
de compararlos,
no termines irritado:
prueba primero el limón
y acaba con el melón.
En la senda del pantano, un caballo se encontró una caja de limones. Alguien la dejó olvidada a la vera del camino. ¿Es de alguien esta caja? Como nadie respondía, el caballo se comió uno y, aunque agrio, le gustó: era un sabor nuevo, diferente al de la paja y el pan duro. Luego se comió otro y otro. Dos lagrimones se le escaparon de los ojos. Caray, esto está fuertecito. Pero siguió comiendo. Cuando sólo quedaban tres limones en la caja, el caballo paró. ¿Qué hago? El estómago me quema y por la nariz me sale un vapor ácido que me estremece. Están riquísimos, pero estos limones van a acabar conmigo.
No tuvo que decidir, menos mal, porque en ese momento llegó la dueña de los limones. ¡Aparta, caballo, de mis limones! El caballo salió corriendo por un prado, pegando arreones con la cabeza cada vez que un vapor limonero le salía por la nariz.
Con los tres limones, la dueña hizo
una limonada fresquita y un tarro de mahonesa para echar a la ensaladilla rusa,
que le salía muy rica, por cierto.
FIN
Carlos

Me ha gustado especialmente, tal vez por haberlo encontrado, entre otras cosas, muy ingenioso. Un abrazo, Carlos.
ResponderEliminarMe encanta que la protagonista sea una poetisa imperfecta, cuya historia va con ella y de la que ella se nutre y aprovecha. Un saludito
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