50 cortos cuentos
de normales cosas
EL OJO DE LA TOALLA
En una toalla naranja olvidada en una de las perchas que rodeaban el vaso de la piscina cubierta, había un ojo bordado con hilo negro. Era un ojo grande, como el ojo de Horus de los egipcios.
¿Nadie la reclamaba en el mostrador de la piscina? ¿Por qué no la retiraba de allí el servicio de mantenimiento? Los socorristas del turno de mañana se la encontraban al llegar y los socorristas del turno de tarde la dejaban al salir.
¡Años llevaba allí la toalla!
Se comentaba que el ojo movía la pupila, que a veces se cerraba como durmiendo una siesta, que otras veces parecía más abierto y más atento, como vigilando a los bañistas. ¡La gente dice muchas cosas y no sabe qué inventarse!
Alguien creyó oír un grito de alarma que retumbó en toda la piscina cuando a una niña de iniciación le dio un calambre en la pierna y se hundió. ¡Socorro! ¡Salven a esa niña! Las dos socorristas del turno saltaron como delfines al agua y sacaron a la niña, que salió un poco morada pero sonriendo. ¿Qué te ha pasado, bonita? ¡No lo sé!
Después de este suceso, nadie se atrevió a tocar la toalla naranja ni por asomo. Eso sí, antes de tirarse al agua, los nadadores miraban al ojo y le hacían una reverencia. Y, al salir, juntaban las manos frente a él, agradecidos de seguir sanos y salvos.
Una tarde llegó por allí una señora con su hijita de la mano. La traía para que aprendiera a nadar. Cuando entraron a la zona de baño, la señora exclamó: ¡Mi toalla! ¡Tantos años creyendo que la había perdido!
¡Alto ahí!, gritó un socorrista del turno. ¡No toque esa toalla! Es mía, joven. ¿Suya? Lleva aquí muchos años, señora, y forma parte de nuestro mobiliario como los flotadores. Es más, es mucho más: es nuestro amuleto protector. Si quiere, hable con dirección, pero no la toque.
La señora dejó a la niña con los monitores y fue al despacho de dirección. Le rogaron que dejara allí la toalla, se la pagarían si era preciso. No hizo falta, la señora cedió sin hacerse de rogar: ¡Está bien, así la veré cuando venga con mi hija!
—Mamá —dijo la niña en el vestuario mientras se vestía—, yo creo que el ojo de esa toalla naranja me miraba, y me gustaba.
—Vaya, vaya —dijo la señora, y le puso el calcetín del pie izquierdo.
Carlos
(10/03/2025)

Buenas tardes don Carlos. Espero leer los 50 cortos cuentos de normales cosas. Es bonito, mejor dicho, es tierno. Abrazos
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