50 cortos cuentos
de normales cosas
Andresín era tan inocente que se creía lo que todo el mundo le decía. Era incapaz de pensar mal de nadie.
-Andresín, el trigo de avena es lo que comen los elefantes para que les crezcan los colmillos.
A Andresín eso le parecía un soberana tontería, pero, como era tan bien pensado, respondía "es posible, cualquiera sabe". Nunca ridiculizaba al inventor de un disparate, era incapaz de poner a nadie en vergüenza.
-Andresín, en la calle Talital han puesto una tienda de zapatos de sirena y naranjas de piscifactoría.
Andresín respondía "qué interesante, iré a ver". Y, de hecho, iba a comprobar a la calle Talital si estaba esa tienda. Al no verla, ¿qué te voy a contar, amigo lector?, no se enfadaba, sencillamente pensaba que ¿quién pondría una tienda con cosas tan absurdas? y que la tienda habría durado abierta apenas unas horas, porque el dueño comprendería que era imposible ese negocio.
-Andresín, hay un festival de pingüinos del Polo Norte en traje de ballena asesina haciendo malabares con columnas de mármol de una tonelada, a las ocho de la tarde en el parque del barrio.
Andresín se presentaba a las ocho y, como no había ni pingüinos ni columnas de mármol ni siquiera escenario, pensaba que él no habría escuchado bien la hora y que el espectáculo ya habría terminado. Aunque le pareciera imposible lo de los pingüinos, era incapaz de pensar que alguien le tomara el pelo de esa manera, porque no concebía que un ser humano tuviera mal corazón.
-Andresín, tu amigo del alma va diciendo por ahí cosas muy malas de ti. ¡Si tú supieras!
Esa vez Andresín no creyó lo que le decían, era imposible que su amigo del alma quisiera hacerle daño. ¿Por qué? Y se fue directo a ver a su amigo del alma, y le preguntó si eso era cierto. ¡Claro que no, Andresín!, le respondió su amigo. ¿Por qué iba yo a hacer eso contigo? No lo hago con nadie y menos contigo, que eres mi amigo del alma. Y se dieron un abrazo, porque los amigos del alma no hacen esas cosas, si no, no serían amigos del alma.
Desde ese día Andresín perdió un poco la inocencia, porque le dolió que le dijeran eso de su amigo del alma. Lo que no perdió fue el buen rollo y el don de escuchar a la gente, incluso cuando dice tonterías con buena o mala intención. De mayor fue un señor muy sensato y, por supuesto, con buen corazón.
Carlos Cuadradro Gómez
Leganés, 28 de diciembre de 2025

A mí también me gusta mucho Andresín. Abrazos, don Carlos.
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