
LOS OJOS VERDES DE LÁGRIMA
La gata Lágrima tiene unos ojos verdes muy bonitos. Cuando hace sol, su pupila se encoge y los ojos verdes de Lágrima parecen el agua del mar.
Desde su
alto árbol ve, más allá de la charca de los juncos, el mar. El mar es enorme: de
lejos está quieto, de cerca siempre se mueve. A Lágrima le llega el olor de la
sal marina y decide ir a la playa.
Por un
camino secreto, cruza el trigal y atraviesa un campo de viñas. El olor del mar
y de la arena húmeda son tan intensos que tiene que pararse un momento y
aspirar profundamente. ¡Qué bien huele, ya estoy cerca de la playa!
Camina muy
despacio hasta que hunde sus patas en la arena blanca y fresca.
Entonces se
revuelca en la arena como una croqueta de tres colores. Luego se sacude y corretea hasta la orilla del mar, que está muy tranquilo.
Pone mucho
cuidado en no mojarse, pero juega con las pequeñas olas al pillapilla.
¡Lágrima, un poquito sí que te mojas, reconócelo!
De repente,
ve salir del agua una piedra enorme de color verde. La piedra verde tiene
aletas y cabeza, y camina lentamente por la arena de la playa. Lágrima, que es
muy ágil y nunca tiene miedo, se acerca, la rodea —qué curiosa eres, Lágrima— y
le pregunta:
—¿Y tú
quién eres, piedra verde que caminas?
—Soy una
tortuga verde.
—¡Qué
grande eres, tortuga verde! ¡Yo soy Lágrima, una gata de tres colores!
—De cuatro
colores, gata Lágrima. Tienes los ojos verdes, como el mar y como yo.
—Qué sabia
eres, tortuga verde. ¡Quiero ser tu amiga!
—¿Sabes que eres mi primera
gata amiga? Me gusta.
Lágrima y
la tortuga verde siguen hablando cerca de la orilla, de cara al mar.
El tiempo
se les pasa volando. El sol se ha vuelto rojo y, dentro de poco, se dará un
baño en el mar.
FIN
Leganés, 27 de mayo de 2020
¡Me gustaría estar tan cerca de la gata Lágrima! Gracias, Carlos.
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