Cuando la mamá de Enrique se sentaba a tocar el
piano de cola, él se metía debajo con un tebeo y la escuchaba mientras pasaba
las páginas con mucho cuidado para no molestarla.
Los tebeos, bajo las notas musicales, se avivaban.
Enrique podía leer el mismo tebeo muchas veces, porque, cada vez que se metía
debajo del piano, el tebeo cambiaba su historieta.
El perro de la dueña de la tienda de chocolate tiene
una boca descomunal y unos dientes muy afilados. Duerme junto al mostrador de los
pasteles de chocolate. No hay niño que se atreva a tocar ningún pastel
sin permiso de la tendera. El perro abre los ojos y respira fuerte cuando un niño
entra, y con eso basta para evitar la tentación. ¿Es que los niños de esa calle son ladrones? No. ¿Entonces por qué la tendera tiene ese perrazo?
La mamá de Enrique tocaba partituras del Clave
bien temperado de Bach. Con las notas perfectas y maravillosas de Bach Enrique
se distraía y alzaba la vista del tebeo. Y cuando la bajaba, ¡ya había
cambiado la historieta!
El perrazo se ha levantado, se ha puesto una capa roja y ha salido volando por la ventana. ¿Dónde vas, Sultán?, le chilla la tendera. ¡A salvar a un gatito que se ha caído en el agua del
estanque! El perrazo entorna los ojos porque el aire le da fuerte en la cara. ¡Gatito, aguanta, que ya bajo! El perrazo se lanza en picado al
agua, agarra al gatito con las uñas de sus garras y lo lanza en parábola a su
lomo. ¡Miauuuu! El gatito se pone de pie sobre sus patas traseras y camina hasta
la cabeza del perrazo. ¡Gracias, perrazo, eres mi héroe!
A veces Enrique pasaba la página con miedo por lo
que podría encontrarse. Le vigilaban las tres patas del piano, que estaban
adornadas con unas cabezas de león con la boca abierta y los ojos saltones. Enrique prendía la hoja por la esquina y tiraba de ella como si despegara una pegatina. Miraba un momento a los leones y acababa de pasar la página.
Están en la casa del gatito, que se pone unas gafas
que guarda en el cajón de su escritorio. Siéntate ahí, perro, en el sillón.
El gatito coge un lapicero y traza sobre un folio blanco cuatro rayas que se
cruzan: es una puerta. Abre la puerta, pasa al otro lado y cierra. El perrazo se queda solo y se angustia. Araña la puerta de papel. ¿Dónde estás,
gatito?, no me hagas esto. Detrás de ti, perro, a tu espalda. El perro se desmaya del susto y
el gatito le hace el boca a boca para que despierte. ¡Perro, no te mueras!
Enrique ha encontrado en un bolsillo del pantalón un
caramelo de café con leche, un toffee. Qué rico. Lo chupa y lo
mastica. El toffee se le pega al paladar y se atraganta. Mamá, que me ahogo. La
madre deja las teclas del piano, con naturalidad le mete un dedo en la boca y
le saca el caramelo. Enrique frecuentemente se atraganta con toffees, en su
casa están acostumbrados. ¡Como un día se ahogue de verdad! Eso no va a pasar nunca.
Los niños entran en tropel en la tienda de
chocolate, detrás del gatito y el perrazo. La tendera se queda con la boca
abierta. Los niños asaltan el mostrador y se comen todo. ¡Mi ruina!, grita la
tendera. Y tú, perrazo, eres un traidor volador. El perrazo le pega un
lengüetazo en la cara y deja en el mostrador un fajo enorme de billetes, para
pagar los pasteles. El gatito se sube a la cabeza del perrazo y le saca la
lengua a la tendera. En la última viñeta, la tendera se cae de espaldas y se oye
PLAF.
Enrique cierra el cómic. Su madre se ha levantado
del piano y mira por la ventana. Enrique se va al baño, cierra la puerta, se
sienta en la taza del váter y abre otro tebeo. En el baño también cobran vida
los cómics.
Carlos
FIN

Me encanta. Ya sabes que soy fan nº1 de tus cuentos. Besoss
ResponderEliminarFenomenal, Carlos. Espermos el próximo. Un abrazo.
ResponderEliminarUn cómic que cobra vida con música de Bach, qué más podemos pedir? Bueno, no sé si habrá quedado algo de chocolate.
ResponderEliminarComo todo lo que escribes, increible 😁
ResponderEliminarYa he comentado , que te superas a ti mismo.
ResponderEliminarMe ha encantado. Cada día escribes mejor.
Que gran suerte poder tener estos cuentos tan originales, auténticos y con semejante riqueza lingüística en los tiempos que corren. Un saludo y a seguir creando (y compartiendo 😉)
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